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lunes, 15 de octubre de 2018

CONFIAMOS EN TU PRESENCIA, SEÑOR


CONFIAMOS EN TU PRESENCIA, SEÑOR





INTRODUCCIÓN AL BLOG

Este blog quiere ser un rincón para orar juntos a Dios.  Oramos convencidos de una PRESENCIA 
La fe recibida en el Bautismo necesita ser orada y convencida de tener un trato de amistad con Dios.
Esta Blog pretende ser una CAPILLA VIRTUAL donde puedas rezar a Dios convencido de su presencia. 
Estas velas están encendidas para ti....
Situáte en la presencia  del Señor y ojalá que las oraciones que cada día sugiero sea una oportunidad para presentar tu vida a Dios como una ofrenda agradable y válida. 





                         INTRODUCCIÓN A LA ORACIÓN

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

«Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría (Santa Teresa del Niño Jesús, Manuscrit C, 25r: Manuscrists autohiographiques [Paris 1992] p. 389-390).

La oración como don de Dios

2559 “La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes”(San Juan Damasceno, Expositio fidei, 68 [De fide orthodoxa 3, 24]). ¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o desde “lo más profundo” (Sal 130, 1) de un corazón humilde y contrito? El que se humilla es ensalzado (cf Lc 18, 9-14). La humildad es la base de la oración. “Nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rm 8, 26). La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios (San Agustín, Sermo 56, 6, 9).

2560 “Si conocieras el don de Dios”(Jn 4, 10). La maravilla de la oración se revela precisamente allí, junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua: allí Cristo va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y el que nos pide de beber. Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él (San Agustín, De diversis quaestionibus octoginta tribus 64, 4).


UNAS PETICIONES NECESARIAS PARA CADA UNO DE NOSOTROS
   



  CANTO: ¡¡¡QUÉ DETALLE!!!

Qué detalle, Señor, has tenido conmigo. Cuando me llamaste, cuando me elegiste, cuando me dijiste que tú eras mi amigo. Qué detalle, Señor has tenido conmigo.
1.- Llamaste a mi puerta y pronunciaste mi nombre. Yo temblando te dije: “Aquí, estoy Señor”. Tú me hablaste de un reino, de un tesoro escondido, de un mensaje fraterno, que encendió mi ilusión.    
       
ORACIÓN  :        
Alma de Cristo, santifícame; Cuerpo de Cristo, sálvame; Sangre de Cristo, embriágame; Agua del Costado de  Cristo, lávame; Pasión de  Cristo, confórtame. Oh buen Jesús, óyeme.  Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de ti. Del enemigo malo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a ti, para que con tus santos te alabe y Te bendiga por los siglos de los siglos. Amén.
 
INSPIRADO EN EL  SALMO 138:

           Señor, tú me llegas hasta el fondo y me conoces por dentro.  Lo sé: me conoces cuando me paro y            cuando no sé que hacer.  
Mis ilusiones y mis deseos los conoces como si fueran   tuyos. 
En mi camino has puesto tu huella; en mi descanso te has sentado a mi lado, todos mis proyectos los has tocado palmo a palmo. Tú oyes el corazón del hombre sumido en el silencio cuando aún  no tiene palabras para abrirse a ti, es    increíble; me tienes agarrado totalmente, me cubres con tu palma y me siento tuyo. Como grano de arena en el desierto.          
Como gota de agua perdida en el mar, así me encuentro ante Ti  Dios mío, quiero abrir mis brazos y abrazarte, quiero llegar hasta tu orilla y nunca toco tierra.  
Me digo y no sé responderme:¿A dónde iré que no sienta el calor de tu aliento?. 
Me digo:¿A dónde escaparé que no me encuentre con  tu mirada?. Cuando escalo mi vida y me supero, allí estás tú. Cuando me siento   en el camino y me siento barro, allí, perdido en mi dolor, te  encuentro a ti.
 Cuando mis alas se hacen libertad sin fronteras y toco el despertar de algo nuevo; cuando surco los mares de mis  sueños y pierdo la arena pegadiza de mis playas, allí está tu  mano, y tus ojos, y tu   boca...allí como AMIGO FIEL, de nuevo estás TÚ. 
Si digo cansado: que la tiniebla cubra de negro como un paraguas  viejo y roto; si digo desanimado: que el día se haga noche sobre mí  y me envuelva en su manto, ni la tiniebla, Señor, es oscura par TI,   y la noche, Señor, es  clara como el día.  
TÚ eres como manantial de donde brota el río, como raíz de donde  arranca el árbol. Tu vida se ha hecho vida en mis entrañas.
Me has  dado el origen y quieres que camine la meta que no es otra sino TÚ  
Soy tuyo: sólo tu amor da respuesta a mi pregunta. Me amabas ya  cuando me tejiste en el seno de mi madre. Te doy gracias porque me  has llamado a ser feliz. Señor, me conoces hasta el fondo de mi alma, nada se te esconde de cuanto soy en lo más profundo. Yo me pregunto si el sentido de mi  vida puede darse si le fallas TÚ.  Señor, aunque mi árbol se quede sin hojas, aunque la poda lo deje desnudo y sólo, aunque el frío lo apriete hasta hacerle llorar.
           Señor, en mi árbol, mi hoja serás siempre TÚ.   
          Dios mío, sondéame para conocer mi               corazón; ponme a prueba para conocer mis sentimientos; mira si mi camino se desvía o se vuelve  camino muerto. Guíame por el camino nuevo que has abierto entre  los  hombres.  Quiero hacer de él un proyecto para mi vida y, paso a paso, desde lo  hondo de mi ser, VIVIR PARA TI. 
(Ps. 138).

SALMO PARA REZAR salmo 22.

El Señor es mi pastor, nada me falta: En verdes praderas me hace recostar; Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas   oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: Tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; Me unges la cabeza con  perfume y mi copa rebosa. Tu bondad y tu misericordia me acompañan Todos los días de mi vida, Y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

¡ALABADO SEA EL SANTÍSIMO SACRAMENTO!




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